La logística “bodil”

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Cuando mi amiga Meri, a la que conozco desde los 4 años, me dijo que se casaba y que se casaba en el Far de Sant Sebastià, a parte de pensar que tenía un gusto maravilloso pensé que me había facilitado la logística “bodil” un montón.

Mi madrina y tiet Xevi veranean en Llafranc desde hace unos 40 años y siempre en el mismo camping, así que pensé que era el sitio ideal donde anidar con los polluelos y pasar unos días para despedir el verano.

Y es que cuando hay una boda o un evento parecido, los Carcolano no lo tenemos nada fácil. A los dos niños se le suman 3 perros: Puça, Jack y León.

A Puça la enviamos con los yayos (los padres de @escolano) y Jack y León se quedaron con los avis (mis padres). Pero la boda era por la noche, así que necesitábamos canguro en el camping y se vinieron los avis (y Jack y León) con nosotros. Eramos 4 adultos, 2 bebés y 3 perros.

Un bungalow para 6 parecía perfecto si no fuese porque no aceptan perros, así que ahí entraron en juego mi madrina y el tiet Xevi que en la caravana si se podían quedar con ellos. El viaje empezó lloviendo. Llovió viernes y sábado por la mañana sin parar y el fin de semana en camping con piscina, un parque en cada esquina y la playa a 500 metros se había convertido en la casa de “los putufos” como la llama Mateu con 6 personas hacinadas y con los perros encerrados en el avancé de una caravana 20 parcelas más lejos.

Os aconsejo que no intentéis cansar a un niño de 2 años y una niña de 9 meses en un bungalow para 6 donde la cocina esta encima del sofá-cama del comedor y en el que no puedes entrar en el baño si has colocado las tronas. ¡Aunque lo difícil estaba por llegar! Joana sigue a teta, no quiere ni ver un biberón (lo hemos probado solo un par de veces) pero tenemos calculado que con lo que come durante el día, sobre las 9/10 se duerme y no se despierta pidiendo teta hasta las 4/5 así que podía disfrutar de “bodorrio” unas cuantas horas.

Lloramos en la ceremonia, reencontramos amigos del cole en el aperitivo y reímos y comimos de maravilla durante la cena. Hasta aquí todo perfecto,  justo en el momento en que encendíamos bengalas para dar paso al baile nupcial y a punto del cubata y exaltación de la amistad, me llama mi padre: “Joana no para de plorar, s’ha despertat i està desesperada.” No me podía creer que los canguros del mundo no pudiesen con la situación.

Volamos hacia el coche y llegamos al camping en 10 minutos. Ahí estaba mi padre, abriendo y cerrando un pequeño monedero para hacer un sonido mecánico y Joana derrotada, tiesa, con la cabeza apoyada debajo de la barbilla de su avi y todavía con hipo del aire que había tragado mientras lloraba.

La cabeza me iba a estallar. Mi amiga vestida de novia a punto del baile nupcial y yo la había dejado “plantada”. Mi hija había llorado durante más de una hora porque yo no había sido capaz de destetarla o dejarle una alternativa. Mis padres tenían la cara desencajada. Nadie estaba contento y nada había salido como se había previsto.

Y todavía había más, la tarde había sido movida para todos. Al despertar los niños de la siesta habían ido a dar una vuelta al pueblo de Llafranc, al “mercat boig“. Dejaron a Jack y León dentro del transportin en el avancé, pero los dos chihuahuas fueron capaces de abrir ambas cosas y Jack se fue a inspeccionar el camping. Al llegar de dar la vuelta por el pueblo, en vez de ir al parque un rato y después a cenar, tuvieron que buscar a Jack. Os podéis imaginar los nervios de los adultos. Mateu y Joana con los nervios son dos esponjas: los absorben y hay que estrujarlos mucho y fuerte para que los dejen. Finalmente Jack apareció, lo tenían en recepción. Lo encontraron dando un paseo.

A Joana la puse a teta y enseguida se agarró. Se le relajó la cara y empezó a respirar con tranquilidad. Ni abrió los ojos. Es increíble como nos reconocen por el tacto y el olfato.

Mateu tardó un poco más. Durmió hasta las 4 de la mañana, se despertó agitado. Nos lo sentamos en el regazo con el chupete y la cabeza apoyada en el pecho y se durmió de nuevo al ritmo de la respiración.

Los avis tardaron un par de días más en recuperar el aliento XD

Al día siguiente salió el sol. No necesitamos tanta ropa de abrigo y por fin pudimos ir a la playa. Los más valientes, o faltos de acción, pudieron jugar, chapotear y reír hasta que se hizo de noche.

Después de este fin de semana me apetece más el invierno. No me importa tener que estar más por casa. Aunque todavía estoy más acojonada por como vamos a gestionar el tema de destetar a Joana. Mateu fue tremendamente fácil. Cogió el biberón a la primera y lo soltó también a la primera. Ya hace casi un año que no lo toma. Joana es el otro extremo, no coge ni biberón ni chupete y la teta es tanto comida, como consuelo para dormir. No va a ser nada fácil.

¿Alguna sugerencia?

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