Crisis de lactancia

Hace unos quince días que Joana empezó a pedir teta cada 3/4 horas. Primero pensé que estaba incubando algo y un vómito a la una de la madrugada apoyaba esa teoría. Pero como coincidió con un día un poco raro en el que Mateu tuvo una pequeña intervención de ambulatorio no supimos si eran nervios o algún virus que rondaba. No hubo más vómitos, solo unas pocas décimas un par de días más, mucha teta y muchos lloros. Joana andaba rara. Se enfadaba por todo, pedía brazos y teta en continuo pero no veíamos ningún otro síntoma.

Empecé a pedir consejo y ayuda entre amigas que siguen con la lactancia con niños de más de un año y medio de edad (cada vez somos más).  Y todos coincidían: el calor, los nervios y que se hace mayor, es la crisis de lactancia de los 2 años. La verdad es que ni con Mateu ni con Joana había sufrido crisis de lactancia pero parecía que al final había llegado una ¡y gorda!

Al cabo de una semana yo seguía con la mosca detrás de la oreja. No podía creer que mi niña simpática, pasota y alocada se estuviese convirtiendo en aquel monstruito malhumorado y miedoso. ¡Que noches nos dió! Se despertaba cada dos por tres asustada y gritando teta.

Así que, aunque no hubiese fiebre ni ninguna otro síntoma, pedí hora a la pediatra con la excusa de “nos vamos a ir de vacaciones y me voy más tranquila si les echas un ojo”. Mi sorpresa fue la cara de la pediatra mientras me decía: “Esta niña tiene la boca llena de cicatrices. Ha tenido la boca llena de llagas, ¿No te has dado cuenta?” A mi me habían salido un par de llagas esa semana pero con los nervios por Mateu, las noches locas con los miedos de Joana y tanta teta andaba muy cansada y pensé que había pegado un bajón de defensas… Ahora sé que lo llaman Herpangina y que en los adultos normalmente es un simple catarro. En los niños es muy dolorosa, familia directa del terrible “boca-mano-pie” así que la pobre Joana en vez de quejarse pedía teta.

Al final lo hemos pasado sin darnos casi cuenta, Joana ya es la de siempre y desde hace un par de días dormimos otra vez la noche del tirón.

¿Crees que realmente existen las crisis de lactancia? ¿No será que las confundimos con otras necesidades?

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