Educar a los hijos

Escribo este post sabiendo que puedo parecer pedante pero estoy harta de escuchar excusas sobre los niños cuando no hay más culpable que los padres. “Es que son niños”. “Es que son muy pequeños”. ·Es que están cansados”. “Es que no están acostumbrados”.

Estoy harta de que me miren mal, e incluso con celos, porque mi hija está tranquila, segura y sabe estar tanto en clase, como en un espectáculo o como en una comida.
Estoy harta que todo lo que mi hijo absorbe de sus compañeros de clase sean malos modales, aprender a pedir las cosas chillando, llorando y a tirar las cosas en vez de darlas. Harta de que la excusa de la profesora sea que todos están igual.

Estoy harta de decirle a mi hijo que lo que hacen el resto no está bien. Estoy harta de que mis hijos sean “los raros” cuando son los únicos que dan las gracias, que piden las cosas por favor y me piden poder levantarse de la mesa cuando han acabado de comer.
Señores, yo estoy educando a mis hijos, quizá para algunos con dureza, pero con mucho corazón y coherencia.

Seguramente soy la madre que menos ha leído sobre maternidad y educación, la que a menos charlas ha ido. Pero también la que más horas y experiencias ha pasado con ellos. A mí me parece dureza y ser estricto sacar los pañales a la fuerza, echarle de tu habitación cuando a ti te dé la gana y destetarle cuando también a ti te dé la gana. Yo he ido a su ritmo en todo, hablando y pactando con ellos cuando era el mejor momento. En cambio sí que no ha habido lugar a dudas con que deben cuidar y ordenar sus cosas, limpiar lo que ensucian, estar sentados en la mesa hasta que todos hayamos acabado de comer, siempre comer juntos y poner y quitar la mesa juntos. Porque somos una familia.
Porque tenemos nuestro tiempo para todo. Para rebozarnos por el suelo, para chillar, cantar, bailar. Pero también para sentarnos, hablar y escuchar. Soy madre, me gusta y soy más feliz que nunca.
Yo les doy respeto y amor, y eso es lo que ellos transmiten: respeto y amor. Por eso están tranquilos en clase, porque lo disfrutan, porque valoran lo que les cuentan.
No olvidemos que nuestra libertad acaba donde empieza la del vecino. Hay límites y hay que enseñarlos. Porque así, señores, disfrutaréis mucho más de vuestros hijos y quizá no tendréis la necesidad de encontrar un restaurante o un hotel con “guardería” la próxima vez que salgáis en familia.

Plural: 2 Comentarios Añadir valoración

  1. Yo dice:

    Escribe un manual

    1. Carme dice:

      Hola Yo, no creo que se necesite un manual. Solo coherencia y dedicación.

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